jueves, 3 de febrero de 2011

LA REVOLUCIÓN DEL “JAZMIN” ALCANZA MEXICO BENJAMIN AYALA VELAZQUEZ/CONSULTOR POLITICO


Una nueva sociedad se ido conformando en el mundo: La sociedad de la información y del conocimiento que no admite la unipolaridad impuesta. El pueblo árabe, tan pródigo en el comercio, la ciencia y la cultura no puede, ni debe sustraerse a esa nueva revolución que se antoja alcance al mundo entero y pueda llegar, incluso, a México. La fragancia del cambio que inició Tunez y que hoy y aquí ha impregnado al pueblo multisecularmente civilizado egipcio, ha roto sus espacios atados y camina rumbo a una definición política propia de su idiosincrasia y no dictado por los cánones tradicionales del neoliberalismo democrático defendido a ultranza por los Estados Unidos y sus adláteres vecinos de la zona, particularmente Israel.

El nuevo paradigma ha puesto a temblar a la plutocracia mundial y su frágil equilibrio geopolítico. La revuelta árabe pasa necesariamente por una revisión de las condiciones del nuevo mundo de la postguerra y del  incesante y aplastante avance del sionismo a costa del mundo palestino y de los defensores de la diáspora. Israel como estado nación surgido de negociaciones en la emergente “sociedad de las naciones” con el apoyo irrestricto del gobierno de Inglaterra y de los Estados Unidos y su apalancado “lobby” en, prácticamente todos los resortes del poder de aquel país, y el olvido de que el mundo árabe también tiene derecho a “vivir” en donde tradicionalmente ha co-existido, tiene que pagar una factura que parece inevitable: el surgimiento de una nueva triple fuerza política regional, por países a los que no considera amigos, Siria, Turquía  e Irán, y ahora Egipto (humillado por Israel en la guerra de los siete días) .

La revolución juvenil, que será calificada por sus enemigos como “fundamentalista”, como para recordar la fatídica experiencia gringa de su apoyo inútil al Sha de Irán, al pesar de las grandes diferencias  personales y de gobierno entre Reza Palhevi y el sátrapa de Hosni Mubarak, se erguirá en el mundo entero como el despertar de una nación ante la hambruna mundial, la especulación financiera, el dominio mundial por unos cuantos, el desempleo y la crisis terminal del capitalismo... y el advenimiento de un  nuevo paradigma que ponga dique a los desenfrenos y apetitos de un mundo regido por el patrón oro y por la ley del más fuerte. Paradójicamente los valores que defiende la democracia liberal, como las elecciones “libres” (reducida a escoger entre las peores opciones), la tolerancia, la igualdad, “los derechos humanos”  y un largo etcétera, son, precisamente las razones del argumento de la demanda del cambio: No hay libertad para escoger régimen, ni siquiera elecciones “libres”, Mubarak tiene más de treinta años en el poder y su ancie régime  (Alfredo Jalife Rahme) es una gerontocracia rechazada por el grueso de una mayoría agraviada por su gobierno y, sobre todo por el modelo que hoy se observa crudamente como obsoleto e inoperante.

 En Egipto como en nuestro país, como en la gran mayoría de los países no existe bienestar, la igualdad es sólo de dientes para afuera, la tolerancia se usa sólo para justificar el poder unilateral, pero el pensamiento se ha vuelto exclusivo del régimen reinante y los derechos humanos son pretexto para soliviantar un mundo infectado por la drogadicción y el cansancio... El mundo está cansado de lo mismo. La encrucijada para el gobierno de  Estados Unidos y su inexperto presidente (de innegable apellido árabe), en cuestiones geopolíticas, es el hecho de tener que aceptar el reclamo de una sociedad civil –de un país aliado como Egipto- harta de “sobrevivir” y de someterse y
escuchar sus vientos de libertad y tener sus propios líderes, o seguir jugando al juego del gran juez del oriente medio, que expone su propia seguridad a cambio de la seguridad de su socio Israel (remémber las torres gemelas) y la del mundo entero. No  es casual que el abandono del gobierno de los Estados Unidos a su similar de Egipto, con la declaración de Hillary Clinton de pedir una “transición ordenada” ¿cómo la tersa, limpia e incruenta transición mexicana? Se dé en los momentos más álgidos de la revuelta y que el propio premio nóbel de la paz egipcio Muhamed El-Baradei, invite a salir del país a Mubarak so pena de ser considerado culpable de un irremediable “baño de sangre” en las tierras del fértil Nilo.

Es tiempo de re-pensar la política y de actuar. El inminente arribo de una nueva clase política-militar en Egipto con la carga tremenda de darle la vuelta al neoliberalismo feroz y construir un modelo político propio, más humano y más “árabe” tiene que urgir a la clase-pensante del mundo a crear y apoyar un nuevo paradigma que enfrente de veras al mundo unidimensional que sufrimos. En México las aterradora cifras de muertos derivadas de la guerra contra el narco de Felipe Calderón y su partido el PAN, el incremento alarmante de la pobreza y el desempleo, la desaparición inminente de la clase media y el elevado índice de nuevos adictos a las drogas, sólo hace balbucear a nuestros “intelectuales” tanto de izquierda como de derecha, sin atinar a comprender los tiempos actuales y se regocijan con una critiquilla inocua e inicua –ante la velocidad y magnitud de los eventos mundiales- sin atreverse a dar el paso de sentir el “aroma del jazmín” que nos envolverá a todos. Pensar diferente y mirar hacia arriba ¿es mucho pedir?

CATARSIS
Una anciana de pelo blanco es mudo testigo de una pesadilla multicolor. Donde nace la sierra oriental del país  se han fundido, promiscuos, un par de colores –azul y amarillo- que envenenan la fuente del cristalino caleidoscopio. No hay simetría ni armonía, baste el sólo soplo lujurioso de la playa para que la gula política sea saciada y se inmolen los principios y se sobajen los valores partidarios, los polos se entrecruzan contranatura y una vela a Dios y otra al diablo se confunden, siniestros, para dar pie a la perversión de lo que debería de ser la más noble de las actividades del ser, celebrando con euforia –artificial en ocasiones- el dicho “la moral en política es un árbol que da moras” y el circo sigue con diferentes enanos y con diferentes payasos...¿Hasta cuándo?